Patagonia: El paraíso del fin del mundo

La Tierra del Fuego nos recibe con tormenta y un paisaje fabuloso de apariencia irreal. Comenzamos este viaje de extremos en Bariloche, el elegante centro de esquí rodeado por el parque nacional Nahuel Huapi.

Pasando junto al escondrijo del legendario ladrón de trenes Sundance Kid, vamos através del maravillosos parque nacional de Los Alerces en dirección a Chile. Por la mítica Carretera Austral, que atraviesa la selva cilena, dirigimos con confianza las motos en dirección a La Tierra del Fuego.

Prueba de aptitud en la tierra del cóndor.
La ruta 40 que ahora tenemos por delante, es una verdadera prueba para nosotros, los europeos. 700 kilómetros de guijarrales (el ripio) con sólo dos puntos para repostar y un viento frío que nos silba sin tregua en los oídos. Sin embargo podremos echar un vistazo a la bellezza del glaciar Perito Moreno de 60 metros de altura y 13 km. De largo, sobre el que el cóndor traza sus círculos a lomos de la corrente térmica de la mañana. Además, hay que estar atentos a la fauna típica de la Patagonia que nos sale al encuentro detrás de cada curva.
Estepas, lagos y gigantes de piedra.
Ante nosotros queda el parque nacional del Paine, con un paisaje de colinas esteparias, ruidosas cataratas, lagos verde esmeralda en los que los glaciares se funden y verticales torreones rocosos que se alzan ante cumbres heladas. Toca ahora cambiar las motos por el transbordador, con el que cruzaremos el estrecho de Magallanes. Desde muy lejos podemos ver ya los árboles típicos cuyas ramas sólo crecen en la dirección forzosa del viento.
Despedida en el fin del Mundo.
Al cabo de dos días llegamos a Ushuaia, la ciudad más austral de la Tierra. Es duro despedirse, pues dejamos atrás muchas cosas con las que nos hemos encariñado. Volvemos la vista atrás, a estos 3.000 km. de una bellezza de ensueño e inolvidables sensaciones. Pero tal vez volvamos y hagamos el tour otra vez, ahora en sentido contrario.